viernes, octubre 31, 2014

Car Wash, Pensiones, Ancianos con hambre, Mucho sexo y un Wey aburrido que no sabe de que hablar



Últimamente he andado algo depre. “No sé si sea la lluvia o este día horizontal, ¿será tal vez el peso del silencio?” (ah cabrón, esa es una canción). A veces quisiera arreglar el mundo y otras sólo tengo ganas de que se lo lleve el carajo. Bueno, este día no era uno de esos, sino de los primeros, ya me enredé como Cantinflas…
Iba por la avenida Cuauhtémoc, en el centro de Monterrey, las lluvias de la semana pasada dejaron mi auto muy sucio, como si acabara de salir de un rally, pensaba llevarlo al car wash. Soy muy obsesivo y me da por ordenar todos mis gastos, separarlos con clips y guardarlos en sobrecitos etiquetados. Así que cuando hago un gasto es porque lo tengo programado; pocas veces me salgo de mi métrica, si lo hago, siento que se colapsa mi mundo. Por supuesto ya tenía contemplado el gasto del lavado.
Llegué al cruce con la calle Hidalgo, me tocó la luz roja en el semáforo, entre los carros vi a un ancianito, encorvado, caminaba muy despacio y traía un vaso con el que pedía dinero; me conmovió bien cabrón. Sé que dando limosnas no se arregla el problema, pero en ese momento no podía hacer otra cosa; ver a una persona de esa edad y que la mayoría pase sin verlo, me parte el alma. Entonces me dije: “Pancho, cabroncito marrano, es tiempo de que utilices el kit de limpieza que compraste para lavar tu carro, no mames, sólo lo has usado una vez, te servirá de ejercicio.” Así que cuando llegó el señor a mi ventanilla, le di el dinero que traía para el car wash; bien decidido a lavar el carro yo mismo.
Hace algunos días, en un curso de esos motivacionales que están de moda en los trabajos, el expositor contó la historia, para ejemplificar algo, de un viejito de 80 años que aún andaba en chinga vendiendo naranjas, empujando un triciclo y sin quejarse. Pensé, ese pobre señor anda matándose para ganarse un peso y poder comer, cuando lo que debería de hacer es viajar y disfrutar de su vejez, como debe ser, no preocuparse por conseguir qué comer.
En este país, los pensionados no completan para mal vivir, por lo que la mayoría tiene que hacer algo para por lo menos pagar los alimentos, los recibos de luz, gas… Y este wey viene y me pone de ejemplo a un anciano que se jode de sol a sol. Ok estoy de acuerdo en que sí es de admirarse la fortaleza del señor, pero ¿tendrá opción? Si no sale a vender no come. Qué más le queda sino hacer lo que hacemos todos: poner la mejor cara al mal tiempo.


En fin, me gano la flojera y no lave mi carro. Afortunadamente por estas lluvias que cayeron en la ciudad por los lugares donde transito cruzan algunos arroyos y no falta la gente que aprovecha esto para ganarse un peso. Apenas iba a cruzar y se me acerca un niño y me dice “Le lavo el carro, nada mas por fuera veinte pesos” Pues lávalo también de adentro y te doy cincuenta. “No oiga nada mas lo lavo por fuera porque luego me tardo mucho y se me van otros clientes, ándele anímese”. Vaya que soy un tipo con suerte. Me senté en una sombra mientras él se pulía en la limpieza de mi carro. 


Ah y si leyeron hasta aquí y todavía no encuentran el sexo que prometí en el título, perdón, pero lo    hice para llamar la atención de usted, apreciable lector, esperando que leyera todo este aburrido post. De sexo escribo en otro momento.
(Algunas imágenes fueron tomadas de google images )

3 comentarios:

Rendan Laveriz dijo...

El trascurso de la vida, el tedio de ver como pasa el tiempo, la necesidad. De sexo no hablaras pero no es texto aburrido. Un abrazo compañero.

Francisco Salinas dijo...

Gracias, Rendan Laveriz, por tomarte el tiempo de leerme. Saludos y abrazos!

Ángel dijo...

Compadre que te puedo decir, esa impotencia de querer resolver el mundo es sentimiento de muchos, pero bueno pasando a cosas agradables cuando llevo la camioneta para que la lave, digo para aprovechar el kit que compraste :D